Nacho llegó a su casa alrededor de las 3am, algo prendido. Se quitó los pantalones, preparó tres rayas de cocaína y las inhaló inmediatamente. Lamió el borde de su cédula, se vio en el espejo y empezó a hacer la maleta para el viaje, tarea que había dejado para última hora como solía hacerlo con todo en su vida. Se duchó, se puso un poco de colirio y salió con su madre alrededor de las 4.30am.
La despedida fue corta y poco sentimental, al menos por parte de Nacho. Caminó el par de vueltas de rigor por las puertas de embarque de Maiquetía, compró unos Trident de yerbabuena y se sentó frente a la puerta que correspondía a su vuelo. Luchó contra el sueño y el aburrimiento infructuosamente, inclusive consideró ir al baño para terminar lo poco que le quedaba a la bolsa que llevaba en el bolsillo pero prefirió aguantarse para poder dormir durante todo el vuelo.
El avión salió puntual y Nacho durmió durante casi todo el vuelo. Aunque ya varias veces había sobrevolado São Paulo nunca le dejaría de impresionar el tamaño de la ciudad... era exactamente lo que quería, una ciudad en la cual pudiese simplemente desaparecer. Abordó un bus sin saber exactamente a dónde se dirigía y entró a la ciudad con el temprano atardecer de invierno, se bajó al comienzo de la Avenida Paulista y caminó una cuadra y media antes de montarse en un taxi.
El taxi se perdió intentado conseguir la Rua Embuaçu, calle de Vila Mariana donde viviría Nacho durante los próximos meses, pero eventualmente llegaron. En la casa se encontraban los roommates, un danés y un alemán, pero Nacho se excusó de una conversación trivial alegando cansancio y subió a su cuarto. Fumó un cigarrillo, se cepilló los dientes, se desvistió y aprovechó para vaciar la maleta y acomodar su ropa.
Al terminar, Nacho se dio cuenta que sus sandalias se quedaron en Caracas.
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3 comentarios:
22:36 - me prendo un porro pre leer tu post del dia desde leyton
más bien post del mes, pero de cualquier manera gracias por leer, bro.
un abrazo.
Repito! que bueno es leer tus lineas...
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