lunes, 7 de julio de 2008

diana.

10.42pm. Las puertas del 152 se abrieron únicamente para que ella se montara, y entre maldecir a la ciudad y a los argentinos y a su profesor se le hizo corto el trayecto. Se bajó y atravesó la esquina de Cabildo y Juramento esquivando a los habituales adolescentes y jóvenes seguramente desempleados que aún así se las arreglaban para salir noche tras noche y entorpecer el trayecto de par de cuadras hasta su departamento.

Al entrar echó lo que cargaba sobre el sofá, al lado hizo lo mismo con su cuerpo y se fumó un cigarro en silencio. Soltó una leve y muy cínica risa al pensar que su tía dormía y por fin podía aprovechar para fumarse tranquilamente un porro, justo el día en que sabía que de seguro le deprimiría y ocasionaría insomnio hacerlo. Optó entonces por conectarse a Messenger sin esperar mucho, quizás descargar con alguna persona de confianza las dos o tres cosas fastidiosas que le habían pasado en el día, pero un nombre le llamó la atención. Tenía un buen tiempo ignorándolo, inclusive cuando él había tomado la iniciativa de escribirle primero en un par de ocasiones, pero había vivido ese día como cualquier otro y se había convertido en otro día de mierda, insoportable, peor que los que esperaba haber dejado atrás al mudarse hace ya seis meses... tenía que hacer algo distinto.

Dominique Françon dice:
Hola!
nacho. dice:
hey, q sorpresa… tanto tiempo.