domingo, 24 de agosto de 2008

ojos de perro azul.

Nacho llegó corriendo al terminal de la Praça da República y revisó los horarios de partida de los shuttles hacia el aeropuerto de Guarulhos:

18:00 - 18:40 - 19:20 - 20:00 - 20:40 - 21:20

...y así seguían, saliendo cada 40min. Volteó hacia el reloj en la pared:

19:26

- carajo...

Pagó un boleto para las 20h y salió a comprar cigarros. El vuelo llegaba a las 20.30 y a Nacho solo le quedaba rogar que el vuelo de Diana llegara retrasado... total, es Varig, no puede ser mucho pedir.

El shuttle llegó a Guarulhos pocos minutos antes de las 21h y dejó a Nacho en el extremo opuesto del aeropuerto al desembarque, por lo que tuvo que correr torpemente -bajando y subiendo escaleras que luego descubrió que eran innecesarias- mientras intentaba ver en las pantallas si el vuelo ya había aterrizado.

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez.

Al llegar al desembarque vió varias personas esperando a quienes llegan, y entre ellas, a Diana esperándolo a él. Tenía una camisa blanca, una bufanda naranja, a su lado una maleta negra. Lo miraba y tenía una risa nerviosa de quien ha estado sola durante media hora en un aeropuerto desconocido, de quien no entiende las conversaciones a su alrededor, de quien no sabe exactamente qué venía a hacer.

Nacho la vió hermosa, tanto como la última noche en que ella intentaba contener las lágrimas mientras le negaba un beso y se bajaba de su carro...

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por derás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez.

viernes, 15 de agosto de 2008

RG 8943.

Nacho llegó a su casa alrededor de las 3am, algo prendido. Se quitó los pantalones, preparó tres rayas de cocaína y las inhaló inmediatamente. Lamió el borde de su cédula, se vio en el espejo y empezó a hacer la maleta para el viaje, tarea que había dejado para última hora como solía hacerlo con todo en su vida. Se duchó, se puso un poco de colirio y salió con su madre alrededor de las 4.30am.

La despedida fue corta y poco sentimental, al menos por parte de Nacho. Caminó el par de vueltas de rigor por las puertas de embarque de Maiquetía, compró unos Trident de yerbabuena y se sentó frente a la puerta que correspondía a su vuelo. Luchó contra el sueño y el aburrimiento infructuosamente, inclusive consideró ir al baño para terminar lo poco que le quedaba a la bolsa que llevaba en el bolsillo pero prefirió aguantarse para poder dormir durante todo el vuelo.

El avión salió puntual y Nacho durmió durante casi todo el vuelo. Aunque ya varias veces había sobrevolado São Paulo nunca le dejaría de impresionar el tamaño de la ciudad... era exactamente lo que quería, una ciudad en la cual pudiese simplemente desaparecer. Abordó un bus sin saber exactamente a dónde se dirigía y entró a la ciudad con el temprano atardecer de invierno, se bajó al comienzo de la Avenida Paulista y caminó una cuadra y media antes de montarse en un taxi.

El taxi se perdió intentado conseguir la Rua Embuaçu, calle de Vila Mariana donde viviría Nacho durante los próximos meses, pero eventualmente llegaron. En la casa se encontraban los roommates, un danés y un alemán, pero Nacho se excusó de una conversación trivial alegando cansancio y subió a su cuarto. Fumó un cigarrillo, se cepilló los dientes, se desvistió y aprovechó para vaciar la maleta y acomodar su ropa.

Al terminar, Nacho se dio cuenta que sus sandalias se quedaron en Caracas.

lunes, 7 de julio de 2008

diana.

10.42pm. Las puertas del 152 se abrieron únicamente para que ella se montara, y entre maldecir a la ciudad y a los argentinos y a su profesor se le hizo corto el trayecto. Se bajó y atravesó la esquina de Cabildo y Juramento esquivando a los habituales adolescentes y jóvenes seguramente desempleados que aún así se las arreglaban para salir noche tras noche y entorpecer el trayecto de par de cuadras hasta su departamento.

Al entrar echó lo que cargaba sobre el sofá, al lado hizo lo mismo con su cuerpo y se fumó un cigarro en silencio. Soltó una leve y muy cínica risa al pensar que su tía dormía y por fin podía aprovechar para fumarse tranquilamente un porro, justo el día en que sabía que de seguro le deprimiría y ocasionaría insomnio hacerlo. Optó entonces por conectarse a Messenger sin esperar mucho, quizás descargar con alguna persona de confianza las dos o tres cosas fastidiosas que le habían pasado en el día, pero un nombre le llamó la atención. Tenía un buen tiempo ignorándolo, inclusive cuando él había tomado la iniciativa de escribirle primero en un par de ocasiones, pero había vivido ese día como cualquier otro y se había convertido en otro día de mierda, insoportable, peor que los que esperaba haber dejado atrás al mudarse hace ya seis meses... tenía que hacer algo distinto.

Dominique Françon dice:
Hola!
nacho. dice:
hey, q sorpresa… tanto tiempo.